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¿La sensibilidad es cuestión de neurotransmisores?

Más allá de la piel que cubre nuestro cuerpo, tenemos un entramado de receptores e intérpretes que nos conectan con el mundo que nos rodea. Nuestra sensibilidad se ha visto medida por la velocidad de nuestra respuesta ante los estímulos. Ahora, científicos de la Universidad de Winsconsin han observado un proceso que durante años ha sido “invisible a nuestros ojos”: la respuesta de las plantas ante los estímulos.


Para todas aquellas especies que no tienen un sistema de raíces que los conectan directamente a la tierra, la respuesta es sencilla: un estímulo amenazante detona una la decisión bipartita de “huir o combatir”. ¿Qué sucede entonces con un ser aparentemente estático? Las estrategias de supervivencia cambian. El equipo de investigadores de la Universidad de Winsconsin, bajo la supervisión del profesor en Botánica Simon Gilroy, han demostrado que las plantas, si bien carecen de sistema nervioso, cuentan con sofisticados sistemas de comunicación con los cuales responden a los estímulos de los seres y condiciones alrededor.


A través de la manipulación del calcio, el grupo de investigadores pudo observar la reacción en tiempo real de los sistemas de comunicación de las plantas, con una velocidad de respuesta de un milímetro por segundo. Relativamente más lento en comparación a los mamíferos, su reacción apunta más bien a la respuesta química para así protegerse de depredadores. Estos estudios apuntan a la sensibilidad de las plantas con respecto a su entorno; sumadas a las investigaciones del botánico australiano Maxwell Ralph Jacobs sobre “canopy disengagement” -entendido en español como “timidez”- que es la sensibilidad de las copas de los árboles para no tocarse entre ellas.


El Profesor Gilroy y su equipo señalan que, si bien su investigación aún es joven, estos descubrimientos han permitido observar la gran cantidad de actividad que realizan las plantas día con día, sobre todo al momento de interpretar su crecimiento o tener respuestas contra ataques de depredadores; todo desde su aparente “inmovilidad”. Mientras que nuestra respuesta estímulos agresivos podría ser salir corriendo, la de las plantas es protegerse químicamente, convencer al depredador de que no desea comer más de ella. Una técnica muy sofista por parte del reino vegetal.

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